Escrito por: Mg. Reneé Ysabel Viera Zapata
Doctoranda en Educación (Universidad Nacional de Piura - 2013)
El ensayo pretende describir y reflexionar sobre el compromiso fundamental del maestro como formador y guía de los aprendizajes de sus educandos. Es preciso resaltar que el maestro auténtico posee características esenciales que lo distinguen como líder, formador, forjador de personas, potenciador de saberes y valores. El maestro formador no sólo enseña contenidos e instruye sino que educa con las actitudes y ejemplos de vida. Hace que conjugue el conocimiento científico, las virtudes intelectuales, el sentido humanista, la visión prospectiva, creadora y transformadora, la defensa de la verdad y de la vida, el cultivo de los valores éticos, la edificación innovadora de la cultura y el compromiso permanente de educar para la libertad.
Ante tal compromiso los maestros debemos sensibilizarnos a la pregunta: ¿Estamos logrando que nuestros estudiantes realmente aprendan? Con frecuencia a los profesores nos gustaría que nos dieran recetas para que nuestros estudiantes aprendan mucho, se entusiasmen, estén atentos y sean muy cumplidos. Pero esto no es posible porque las personas, los grupos o cada situación son diferentes. A su vez los profesores tienen un estilo distinto y cada materia tiene sus particularidades. Hasta hace algunos años el que no aprendía en la escuela era simplemente un irresponsable y generalmente el bajo rendimiento escolar se achacaba a la pereza, la distracción y a la baja capacidad del alumno, quien por lo general tenía que abandonar la escuela y cargaba con ese estigma el resto de su vida.
Fue hasta mediados del siglo XX cuando algunos investigadores trataron de encontrar las verdaderas razones del bajo rendimiento escolar, sobre todo en niños que por su desempeño en otras áreas daban muestras fehacientes de su capacidad e inteligencia. Las explicaciones acerca de las causas las podemos dividir en dos grandes líneas: la primera que asume los problemas del sistema escolar como propios y la segunda que centra la problemática en los pequeños que no aprenden. Pero… ¿cuál es la causa que puede explicar los trastornos de aprendizaje? El tema sigue inquietando a muchos estudiosos en diversos campos y con múltiples enfoques; y es que el problema, lejos de haberse resuelto, conforme se le conoce se muestra más complicado y revela, sin lugar a dudas, la fascinante complejidad de la mente humana.
Sin embargo, si hay aspectos comunes propios del proceso enseñanza aprendizaje que pueden ayudarnos a que nuestras clases sean más eficaces y eficientes, contribuyendo al mejoramiento de la calidad de los aprendizajes de los alumnos ayudándolos a aprender mejor. Para planear primero hay que tener en cuenta quienes serán mis estudiantes, qué grado está cursando, qué es lo que debe aprender y a partir de qué conocimientos previos. Una vez establecido este punto de partida (lo que ya sabe) habrá que determinar el punto de llegada (lo que necesitan aprender) en términos de competencia (conocer, hacer y el ser), para luego relacionarla con los contenidos. Para que nuestro viaje vaya en el camino correcto es conveniente planear la evaluación, aquí conviene admitir que muchas veces los alumnos dedican tiempo y esfuerzo a aquello que saben que será evaluado y prácticamente ignoran lo que no se calificará, a fin de cuentas lo que evaluamos será lo que queremos que aprenda. Esta es una razón válida para planear cuidadosamente la evaluación: qué, cómo y cuando evaluar. El siguiente paso es pensar que tipo de actividades, estrategias y metodologías de acuerdo a su contexto pueden ayudar a que mis estudiantes logren los aprendizajes esperados.
Toda esta riqueza de esfuerzos para que mi alumno aprenda no es suficiente es imprescindible predisponerlo a aprender con facilidad, superar dificultades y a conseguir lo imposible y lo podemos hacer a través de ese motor interno que nos enciende que se llama motivación. Con ella todo es más fácil en el aula, podríamos involucrar más a los alumnos en los proyectos de clase, generar más debates, estimular preguntas o simplemente inducir al esfuerzo.
A manera de conclusión y reflexión culmino compartiendo lo siguiente:
No queda duda que para que nuestros alumnos realmente aprendan no sólo será necesario impartir conocimientos y aplicar estrategias sino que debe ser crucial ayudar a los estudiantes a conducir, valorar y a darle un sentido a sus logros en la medida que tengan sus implicancias en el mundo real. Theresa Amabile (1998), experta en creatividad organizativa a mostrado en sus investigaciones que “Las personas (y por tanto tus alumnos) serán más creativas, cuando lo que les motiva es el interés, la satisfacción y el reto del trabajo en sí mismo y no las presiones externas” por lo tanto aprenderán muchos conocimientos pero lo más relevante es que estos los hagan actuar como verdaderos ciudadanos autónomos, que hagan de su contexto un ambiente armonioso demostrando principios morales y religiosos en su actuar.
Reneé Ysabel Viera Zapata
Magister en Psicopedagogía